{"id":118,"date":"2007-12-27T16:18:52","date_gmt":"2007-12-27T16:18:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.bipedosdepredadores.com\/nuevobipe2\/?p=118"},"modified":"2024-03-07T10:09:31","modified_gmt":"2024-03-07T15:09:31","slug":"118","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/bipedosdepredadores.kantoborgy.com\/?p=118","title":{"rendered":"Fantasias"},"content":{"rendered":"<div style=\"text-align: right;\">\u201c\u00bf<i>No voy m\u00e1s bien a adelantar los brazos hacia el fantasma de una sombra<\/i>?\u201d Francois-Paul Alibert.<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No todo estaba perdido para Diego Bernal. Aunque confinado en el oto\u00f1o amarillo de su viudez, gustaba de su soledad, sumida su alma en el mundo de nostalgias del pasado y abierta a todo lo nuevo que a\u00fan pudiera ofrecerle la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se hab\u00eda formado un reducto campestre en la antigua heredad de familia. Amaba el campo sobre todas las cosas, y mientras en \u00e9l tuviera paz, luminosidad de sol, cielo abierto y azul, se sentir\u00eda siempre feliz y tranquilo.\u00a0A su alrededor, las perspectivas de variados paisajes y dilatados horizontes llevaban su esp\u00edritu, en dulce vuelo, hacia \u00e9xtasis interiores.\u00a0En esta paz serena y contemplativa, le sorprendi\u00f3 una ma\u00f1ana de septiembre su amigo Humberto Morales, que no dejaba de visitarle de cuando en cuando.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">-\u00bfT\u00fa por aqu\u00ed? \u00a1Vaya! \u00bfQu\u00e9 nuevas me traes?<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">-Nada que no sea las v\u00edsperas de la feria en la ciudad; la gran feria austral. Y a prop\u00f3sito, hay cosas interesantes. Por esto he venido a verte y a llevarte, quieras o no.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">-\u00bfQu\u00e9 cosas? Ser\u00e1 lo de siempre. Calles con r\u00edos de gentes venidas de todos los puntos. \u00bfY qu\u00e9\u2026? Nada m\u00e1s que tumulto, polvo, suciedad, chucher\u00edas y chihuahuas.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">-No; me gusta estar contigo, repuso Humberto; buscar la forma de que te distraigas. Ya ver\u00e1s! Vas a admirar en esta vez bonitas guambras en el desfile de modas. Veremos exposiciones. Tantas cosas m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Abajo, el rumor del r\u00edo llamaba a la contemplaci\u00f3n del valle. Humberto no pudo sustraerse a esta sugesti\u00f3n. Abandonando las palabras, torn\u00f3se a contemplar y\u2026 Oh!, la vista del paisaje \u2013dijo-.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><!--more--><br \/>\n\u00bfEs que el alma se derrama y se diluye en la amplitud de lo terreno, como la luz, como el sonido, y tanto m\u00e1s se expande cuanto m\u00e1s se dilata y se agiganta? \u00bfO es el paisaje una red inmensa, multiforme y m\u00e1gica, que atrapa el alma, asi\u00e9ndola en infinitos hilos invisibles de inefables matices?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como quien hubiese desdoblado un cuadro inmensurable, se extend\u00eda, por lo bajo del pin\u00e1culo donde estaba levantada la casa de Diego, el valle c\u00e1lido, multicolor, espl\u00e9ndido y ameno, que se lo dominaba con la vista hasta sus m\u00e1s lejanos horizontes. Cautivaba la variedad de colores y cultivos, la extensi\u00f3n de los verdes ca\u00f1aduzales, las matas de \u00e1rboles lozanos, por aqu\u00ed y por all\u00e1, dividiendo las parcelas y heredades, destac\u00e1ndose la belleza umbr\u00eda de los api\u00f1ados y esbeltos guaduales, somnolientos, bamboleantes, cuyas espesas cabelleras, chorreadas de finas hojas, peinaba constantemente el viento acariciante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se divisaba el r\u00edo surcando toda la extensi\u00f3n del valle. El r\u00edo bordeaba las huertas cultivadas de ca\u00f1a y, en su largo recorrido, ora se presentaba entero el ardiente cristal de sus aguas, al filo de grises calveros de playas distantes, en espacios descubiertos; ora alternaba en un juego de \u00e1ureos y fugaces reflejos, en el curso festivo de cambiantes esguinces, entre bosquecillos de alisos y coposos saucedales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En las alturas, cual las nieblas interiores que empa\u00f1aban los recuerdos, el aire azul velaba, en los confines remotos, la crester\u00eda ondulada de elevadas monta\u00f1as, cuyas cimas cortaban el cielo como la hoja mellada de un cuchillo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La monta\u00f1a tendida, como el cuerpo de una inmensa y fant\u00e1stica durmiente, ladeaba sus flancos de piel verdeante, y en la amplitud combada de su tronco yaciente, se destacaba uno que otro altozano que remataba su perspectiva en contorneadas y suaves formas, cual senos n\u00fabiles de la tierra virgen.<\/p>\n<p>La llegada de Humberto sac\u00f3 a Diego de su cabezal de ensue\u00f1o, para que la casualidad le hiciese, a poco, despertar en otro\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Septiembre, primeros d\u00edas. Exposiciones en la ciudad. Fue en la sala de exhibici\u00f3n de objetos de arte. Grupos en movimiento confuso y miradas distra\u00eddas por todos los sitios. Humberto y Diego se detuvieron un rato, tratando de abrirse paso. En esto, un suave roce con una joven de al lado hizo que ella volviera el rostro hacia Diego, y\u2026 \u00a1oh sorpresa! Fue simult\u00e1neo el saludo. \u00a1Natalia! Qu\u00e9 gusto y coincidencia hallarte a los tiempos; te encuentro tan guapa y espl\u00e9ndida como en tus quince, y llevando ya unos a\u00f1os de casada. Ella tambi\u00e9n, a tiempo que estrechaba la mano de Diego, con una jubilosa expresi\u00f3n de su rostro y una intensidad luminosa en su mirar, le respondi\u00f3: t\u00fa tambi\u00e9n te conservas perfectamente; se te ve muy bien.<\/p>\n<p>Fue un amistoso y franco alborozo de los dos, que hablaron ligeramente de las cosas de rutina: primeramente de ellos y de las personas m\u00e1s allegadas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Diego no hab\u00eda visto a la joven, en verdad, hac\u00eda algunos a\u00f1os, desde la adolescencia de ella, cuando las relaciones entre familias les hicieron amigos. En este breve encuentro, se despidieron luego. Pasaron. Siguieron su camino. Pero Diego, en tan ligera entrevista, sinti\u00f3 cosas repentinas e ins\u00f3litas. No acertaba a comprender qu\u00e9 virtud pudo haber hallado en \u00e9l Natalia, para que en c\u00e1ndida y dulce expresi\u00f3n de amiga, ella haya puesto en su rostro, al mirarle y hablarle, una combinaci\u00f3n de indecibles encantos, como \u00e9l jam\u00e1s los hubiera so\u00f1ado, ni hubiese esperado sentirlos de pronto en una joven mujer sencillamente amiga. As\u00ed era ella: naturalmente c\u00e1ndida, como dotada de un suave y dulce hechizo de ni\u00f1a en plena inocencia. Ella no lo sab\u00eda. Por eso, sin alarde ni artificio pon\u00eda en su mirar intenso, en su casta sonrisa, en la expresi\u00f3n de exultante dulzura de su faz radiante, un hechizo puro y m\u00e1gico que impresion\u00f3 profundamente a Diego. Cosas tan simples, naturales y llanas, que vienen y pasan; pero que a veces, por su misterio oculto, tienen una significaci\u00f3n profunda.<\/p>\n<p>Recurri\u00f3 el tiempo, se desvaneci\u00f3 el pensar que, de cuando en cuando, preocupaba a Diego.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lleg\u00f3 la Navidad. En pueblo chico, las familias se ven y se juntan con frecuencia. Diego fue invitado, en la noche buena, a una de las casas de familia, donde encontr\u00f3 a Natalia, entre las personas amigas que hab\u00edan concurrido. Nueva emoci\u00f3n para Diego, ante la joven Natalia. Nada m\u00e1s sugestivo que el acercarse a ella, en tal oportunidad, para ver si lograba descifrar en qu\u00e9 consist\u00eda la esencia del secreto atractivo que a ella lo envolv\u00eda; sentir otra vez la expresi\u00f3n de su rostro, penetrar en la dulzura de su mirada y en la suavidad de su sonrisa. Y de nuevo fue as\u00ed. Ya no pod\u00eda dudar m\u00e1s. Natalia era, extraordinariamente, una joven ingenua, dulce, tierna, encantadora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En un momento que Natalia se par\u00f3, un poco aislada, al extremo casi vac\u00edo de la sala, Diego se encamin\u00f3 hacia ella para saludarla. Conversaron afablemente. Ella se mostr\u00f3 como una muchacha espiritual: so\u00f1adora, en el sentido rom\u00e1ntico que nutre el ideal. Dijo que amaba las lecturas emocionantes que tocan estos resortes \u00edntimos. Fue mucho lo que se trasluciera en pocas pero elocuentes palabras. La entrevista dur\u00f3 breves instantes. Una t\u00eda que acompa\u00f1aba a Natalia se interpuso de repente, cortando de golpe nuestra conversaci\u00f3n. Fue para advertirle a Natalia que ya era tiempo de retirarse las dos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Intempestivo final. Natalia se fue y qued\u00f3 en el alma de Diego un renovado pensar, entretejido de a\u00f1oranza, a punto que en el tiempo transcurrido sin que volviera a ver a su amiga, \u00e9l se hab\u00eda propuesto dar forma a su insistente pensamiento, a manera de un mon\u00f3logo interior, como parte de un diario \u00edntimo que dirigiera a Natalia, seg\u00fan se lo ense\u00f1\u00f3 a su amigo Humberto y dec\u00eda as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">\u201cNatalia:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 30px;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u201cTe asomaste de improviso a mi presencia, con un milagro de ternura en la mirada. Recuerdo que tus ojos brillaban con una luz desconocida para mi. Yo siempre he estado acostumbrado a la mirada fugaz, fr\u00eda, indiferente, que se mezcla en un saludo; miradas pasajeras que si dise\u00f1an una sonrisa no significan nada. Y siempre lo mismo, en el amanerado y eterno repetirse de la vida cotidiana. Pasan las miradas amigas, volando en la superficie de los cuerpos y de las almas, como la brisa ligera, como raudo relumbr\u00f3n, sin dejar nada entra\u00f1able, nada que se prenda en el alma\u2026 Pero tu mirada, Natalia, tu gesto expresivo y tan dulce en la configuraci\u00f3n de tus labios tiernos, fueron otra cosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 30px;\">\u201cTienes demasiado esp\u00edritu, Natalia; se lo ve en tu mirada que posee un brillo de encanto y de ternura (no hay otra palabra que mejor lo diga, aunque haya que repetirla mil veces): ternura; s\u00ed: en tus labios suaves y delicados, en tu rostro entero, terso y atrayente como una flor. Acaso nada de esto t\u00fa lo sabes, y lo das con inocencia y castidad de azucena, sin pensarlo. Porque t\u00fa tienes tu amor, Natalia, y con el hombre que uniste tu vida, debes conocer la felicidad que han hecho en com\u00fan; toda la felicidad que produce el amor; la felicidad que yo tambi\u00e9n pose\u00ed y que conoci\u00f3 la mujer que uni\u00f3 a mi destino. Y esto da lugar a un cuento que t\u00fa debes saberlo. Despu\u00e9s continuar\u00e1 la pura fantas\u00eda. Primero el cuento. Toda la vida es un cuento, que se lo dice o se lo oculta, y tambi\u00e9n es una fantas\u00eda.<br \/>\n\u201cAna, la mujer que se enga\u00f1\u00f3 con su amor y el m\u00edo, creyendo, \u00bfqu\u00e9?&#8230; Tal vez que la pasi\u00f3n es el amor, confusi\u00f3n que genera simplemente la bifurcaci\u00f3n del sexo\u2026 Crey\u00f3, pues, que \u00edbamos a darnos siempre la felicidad, sin sombras, sin sacrificios, sin desv\u00edos. \u00a1Ana! Encontr\u00f3 que la pasi\u00f3n es llama, que se mantiene mientras hay fuego; que la pasi\u00f3n, confundida con el amor, es placer, s\u00ed, es felicidad cuando se satisface. Pero no pens\u00f3 Ana, \u00a1oh!, mi Ana equivocada, que ninguna juventud es eterna; que con el desgaste de la vida y el cansancio del mismo placer, viene, a trav\u00e9s de las futilezas de la existencia, lo que sin la conciencia del devenir se denomina \u201cdecepci\u00f3n\u201d. Y porque ya no tuvo el deslumbramiento de Eva, maravillada en la aurora de la creaci\u00f3n, Ana fue cambiando y dejando de ser la mujer que la pasi\u00f3n inventa. Fue languideciendo, declinando, con toda la par\u00e1lisis que trae el desenga\u00f1o. Y extinguido el primer fuego, el ardor de la pasi\u00f3n mientras dura, me fue mirando cada vez con m\u00e1s indiferencia, como quien esquiva la mirada a la presencia de tristes ruinas, ante las cruces que impresionan a la vuelta de los caminos.<br \/>\n\u201cComprender\u00e1s, Natalia, mi tragedia. Quise amor, lo disfrut\u00e9, lo tuve; pero m\u00e1s tarde, contra toda resistencia de mi esp\u00edritu, la desilusi\u00f3n, convertida en m\u00e1quina destructora y mort\u00edfera, fue abri\u00e9ndose paso, poco a poco, hasta cebarse en mi. Destruy\u00f3 primero mis ojos, golpe a golpe, hasta dejarlos secos, sin luz y sin l\u00e1grimas, exprimidas en el fracaso. Para la vida del amor, dejamos de existir; quedamos convertidos en cad\u00e1veres vivientes que deambulan en el mundo, maquinalmente. El cad\u00e1ver de Ana, por desgracia, se desbarat\u00f3 primero. El m\u00edo, fatalmente, se sostiene a\u00fan, en aparente movimiento de existencia\u201d.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px; text-align: justify;\">\u201cNatalia:<br \/>\n\u201cAnoche tuve un delicioso sue\u00f1o de amor, orlado de luna. En mi abandono de hombre solitario (tristeza de la viudez) los \u00fanicos placeres amables que puede encontrar mi esp\u00edritu, de cuando en cuando, aparecen en alg\u00fan sue\u00f1o venturoso. Tal es la suerte del hombre que no pierde las ilusiones sino con la muerte.<br \/>\n\u201cEn el misterio de la imaginaci\u00f3n dormida, vi asomarse, de repente, el contorno de una subyugante forma de mujer que, en la vaguedad de lo rec\u00f3ndito, fue tomando caracteres precisos y adorables de muchacha en flor. Contacto se hizo, en arrobadores embelesos. No hay placer m\u00e1s perfecto que el de un sue\u00f1o feliz. Lo \u00fanico cabal y vivido es la ilusi\u00f3n, que supera toda realidad.<br \/>\n\u201cMe record\u00e9 a los acordes de una m\u00fasica cercana. Eran horas de la madrugada y, cuando abr\u00ed los ojos, desvanecido el ensue\u00f1o, alumbr\u00f3 mi rostro el resplandor de la luna, una luna nueva, en creciente, como pronunciada hoz de hielo luminoso. El espect\u00e1culo me cautiv\u00f3 a trav\u00e9s de los cristales de mi alcoba y concentr\u00e9 mi atento mirar en el hermoso y cambiante paisaje del espacio celeste, en que nubes viajeras, impulsadas por el viento, cual velas navegantes, ya oscuras y l\u00f3bregas, ya grises y blancas, jugaban con el cuerno de la luna haciendo cabriolas en su derredor. La luna tierna luchaba por romper el palio que le tend\u00eda el celaje. Los rayos de luz opacados, a veces perdidos del todo, lentamente reaparec\u00edan, por momentos, suavemente velados de un gris sombr\u00edo que cobijaba luego un flotante tul de nubes blancas, las cuales corr\u00edan prisa de pasar, raudas, como para abrir paso al gradual reaparecer del astro refulgente. La luna, que el paraselene nimbaba, volv\u00eda a surgir espl\u00e9ndida y triunfante, campeando en el naufragado azul del cielo que la noche oscurec\u00eda. Qu\u00e9 espect\u00e1culo tan maravilloso, Natalia. La luna joven, delicada, tierna, me hac\u00eda pensar en ti. Parec\u00eda que eras t\u00fa, lejana, invisible por las nubes t\u00e9tricas de la ausencia, a veces renaciente, un instante tan s\u00f3lo, para atraerme con tu p\u00e1lido rostro de lirio, en el cual se destaca tu luminoso y casto mirar. Todo esto en ti, Natalia: que no eres m\u00e1s que un ideal, una fantas\u00eda que florece en mi ensue\u00f1o, y as\u00ed volver\u00e1s a aparec\u00e9rteme otras tantas veces, en pura imaginaci\u00f3n, como blanca luna naciente, inalcanzable, inaprensible, como todo lo que la ilusi\u00f3n inventa y quisiera que fuese realidad\u201d.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed las notas de Diego, que las entreg\u00f3 a su amigo Humberto, como amable y dulce confidencia.<\/p>\n<pre style=\"text-align: center;\"><strong>Los animales mansos <\/strong>(relatos)<\/pre>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201c\u00bfNo voy m\u00e1s bien a adelantar los brazos hacia el fantasma de una sombra?\u201d Francois-Paul Alibert. &nbsp; No todo estaba perdido para Diego Bernal. 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