{"id":128,"date":"2007-11-02T16:49:24","date_gmt":"2007-11-02T16:49:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.bipedosdepredadores.com\/nuevobipe2\/?p=128"},"modified":"2024-03-07T10:09:31","modified_gmt":"2024-03-07T15:09:31","slug":"el-chico-de-la-rampa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/bipedosdepredadores.kantoborgy.com\/?p=128","title":{"rendered":"El chico de la rampa"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Mi amigo Ernesto Vald\u00e9s despert\u00f3 mi curiosidad y atrajo mi atenci\u00f3n desde que fuimos compa\u00f1eros de curso en el colegio. All\u00ed se forj\u00f3 nuestro acendrado compa\u00f1erismo, abierto, sin reservas, a todas las confidencias. Pasaba ante los dem\u00e1s como un joven exc\u00e9ntrico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era lo que tambi\u00e9n llamaba mi atenci\u00f3n cuando nos sent\u00e1bamos en clase. No era su compostura la simplemente correcta; era m\u00e1s: meditativa, triste. Se abandonaba en el aula en actitud abstra\u00edda, con la mirada fija en posici\u00f3n longincua. Se conjugaban en Ernesto el temperamento reflexivo y el sentimental que en \u00e9l preponderaba. Su tonicidad interior, afinada en la contemplaci\u00f3n del mundo sensible, no se deten\u00eda en la superficie de los entes y de las cosas; resbalaba sobre las figuras, sobre las apariencias, para llegar al fondo. Su esp\u00edritu exigente tocaba la angustia, en veces. No se colmaba, en pleno embeleso, con el espejismo exterior de lo aparentemente bello, sino que se dol\u00edan su sensibilidad, su pensamiento t\u00e1ctil, su fantas\u00eda exaltada, tratando de encontrar la textura interior, simple, descarnada: la entra\u00f1a repugnante y deleznable. Pensaba: ese bello rostro de mujer; esos ojos grandes que cautivan y, espl\u00e9ndidos, llenan las cuencas org\u00e1nicas; esa boca escarlata, coquetona y sensual, que luce en su sonrisa los dientes como perlas; esos senos exuberantes, frutales, m\u00f3viles; esa piel tersa, fresca y nacarada, que dora lo blanco, como suave p\u00e9talo de rosa; esos muslos ondulantes, ese talle llamativo, no me enga\u00f1an. Tras de todo eso est\u00e1 el esqueleto, est\u00e1n las v\u00edsceras repulsivas.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos pensamientos tornaban a Ernesto casi en un obseso. As\u00ed no pod\u00eda hallar satisfacci\u00f3n en nada. El esqueleto oculto le torturaba; ese disfrazado \u00e1ngulo recto, esquem\u00e1tico, descarnado, que en el ser humano sostiene la hermosa y decorada cabeza con la espina dorsal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A tan preocupantes extremos llegaba la tendencia anal\u00edtica de Ernesto, llev\u00e1ndole, hasta involuntariamente, a una innecesaria desaz\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed comprend\u00ed yo el alma de mi amigo, por cuantas declaraciones \u00e9l me hiciera. \u00c9l mismo se consideraba como algo anormal, extra\u00f1o en s\u00ed mismo. Hasta los actos de la vida ordinaria ten\u00edan para Ernesto un significado peculiar, aleatorio, que le hac\u00eda entrever algo oculto, contingente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">He aqu\u00ed el relato que me hizo Ernesto, de un hecho de su vida corriente, que para el com\u00fan de las gentes hubiera pasado acaso sin cuidado ni importancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Refiri\u00f3me lo que tuvo que sufrir un d\u00eda, al salir de su cortijo, donde le acompa\u00f1aba su esposa In\u00e9s, para emprender en su viaje a la capital.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Habr\u00eda de dejarla a In\u00e9s, sola, con sus hijos peque\u00f1os, pues as\u00ed requer\u00eda la atenci\u00f3n de la casa y la vigilancia de ciertos trabajos. Ernesto deb\u00eda partir. Volver\u00eda pronto, porque sin su mujer y sus hijos se sent\u00eda triste, angustiado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cQuise volver la espalda a mi dolor \u2013me dijo-, poniendo alas a mis pies para salir volando, antes de acabar de fundirme\u2026\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para \u00e9l, la despedida, el abrazo, era un aro candente que fund\u00eda los cuerpos y las almas, o cual veneno corrosivo que no pod\u00edan lavar las l\u00e1grimas amargas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La casa estaba al pie de una rampa cruzada por una acequia. Atravesaba la cuesta un caminito de a pie, en zigzag. No hab\u00eda tenido Ernesto el valor de buscar a su peque\u00f1ito, el \u00faltimo de sus hijos: Alfonsino. Acababa de dejar a los que quedaban en casa y ten\u00eda los ojos empa\u00f1ados. Sali\u00f3 casi sin ver, como despavorido, y cuando ya pasaba frente a la rampa descubri\u00f3 a Alfonsino que bajaba, con su cabecita inclinada, por el sendero angosto y pedregoso del ribazo. Vio su cabecita de pelo corto, de ni\u00f1o de tres a\u00f1os. El chiquit\u00edn no divis\u00f3 a su papi, por su andar, pasito a paso, baja la cabeza. Ernesto le contempl\u00f3, s\u00f3lo un instante, dudando entre esperarlo o dejar que bajara tranquila e inconscientemente, sin percatarse de la despedida del padre. \u00a1Cu\u00e1ntas veces pudiesen ahorrarse las l\u00e1grimas, mucho mejor! Y Ernesto opt\u00f3 por alejarse r\u00e1pidamente, sin volverse a mirar atr\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En trance as\u00ed, un temperamento como el de mi amigo se agit\u00f3 en un fondo de temores e ideas aberrantes\u2026: que el destino es una cosa ignota e impredecible, un hado servil a lo bueno y a lo malo\u2026; que eso de ir confiado, en cuerpo y alma, a una m\u00e1quina ciega \u2013el avi\u00f3n que iba a transportarle-, era como si se enfundara en una amplia y cerrada camisa de fuerza, en la que nada se pod\u00eda hacer, sino ir encadenado a la combinaci\u00f3n falible de elementos manipulados y dirigidos artificiosamente por un individuo tal, supremo \u00e1rbitro para impulsarlos a las alturas, llevarnos a buen t\u00e9rmino o precipitarnos al abismo. Y en ello va apenas nuestra vida. Pensamos as\u00ed y menospreciamos las contingencias. \u00bfQu\u00e9 ceguera nos impulsa a jugar con nuestra existencia? Nada m\u00e1s que el sentido de lo usual, como los ni\u00f1os que se divierten con sus juguetes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos y otros pensamientos herv\u00edan en la imaginaci\u00f3n de Ernesto. \u00bfY si sucediera lo fatal\u2026? \u00bfAcaso no lo hemos visto m\u00e1s de cien veces\u2026? Ser\u00eda el corte que trastocara algunas vidas. \u00a1Oh, si no volviera a verlos\u2026! \u00a1Nada de la felicidad de los hijos, de vivir hasta ver a los padres viejos! \u00a1Nada de la felicidad de \u00e9stos, de llegar a ver bien formados a los hijos grandes! \u00a1Cosas felices u horrendas que ocurren en la vida vulgar!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero lo de Ernesto no pas\u00f3 de un vano e inquieto devaneo, propio de una sensibilidad excitada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Volv\u00ed a ver a Ernesto despu\u00e9s de algunos a\u00f1os. Mi amigo envejec\u00eda y era, como antes, muy amante del campo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alfonsino hab\u00eda ido a cursar estudios en Quito; volv\u00eda en vacaciones y, en su \u00faltimo retorno, fue a visitar al padre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una tarde, al verle a Ernesto bajo el sol estival, vigilante y ocupado en trabajos de cultivo, se le acerc\u00f3 Alfonsino, tierno, afectuoso, preocupado, a exponerle sus temores, ponderando su visi\u00f3n de las cosas, pensando que lo que era para Ernesto deber, satisfacci\u00f3n del trabajo, amor y entrega a la tierra, estar\u00edan acumul\u00e1ndole fatigas, desgaste de fuerzas y energ\u00edas. Entonces, m\u00e1s val\u00eda para Alfonsino la buena y reposada vida del \u201cpapi\u201d, y le ped\u00eda que hiciera entrega de las tareas a sus hijos. Todo esto con ternura, con afecto y celo filial inocultables, que calaron muy hondo en el coraz\u00f3n de Ernesto. Me lo refiri\u00f3 conmovido, bien pagado, dichoso, porque comprendi\u00f3 que como \u00e9l sab\u00eda sentir tambi\u00e9n su querido Alfonsino, que le estaba devolviendo el amor, para hacerle la vejez tranquila y feliz.<\/p>\n<pre style=\"text-align: center;\"><strong>Los animales mansos<\/strong> (relatos)<\/pre>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi amigo Ernesto Vald\u00e9s despert\u00f3 mi curiosidad y atrajo mi atenci\u00f3n desde que fuimos compa\u00f1eros de curso en el colegio. All\u00ed se forj\u00f3 nuestro acendrado compa\u00f1erismo, abierto, sin reservas, a todas las confidencias. Pasaba ante los dem\u00e1s como un joven exc\u00e9ntrico. Era lo que tambi\u00e9n llamaba mi atenci\u00f3n cuando nos sent\u00e1bamos en clase. 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