{"id":141,"date":"2007-10-02T17:23:55","date_gmt":"2007-10-02T17:23:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.bipedosdepredadores.com\/nuevobipe2\/?p=141"},"modified":"2024-03-07T10:09:32","modified_gmt":"2024-03-07T15:09:32","slug":"itinerario-de-pasiones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/bipedosdepredadores.kantoborgy.com\/?p=141","title":{"rendered":"Itinerario de pasiones"},"content":{"rendered":"<pre style=\"text-align: center;\"><b>(I) Perfil de ilusi\u00f3n<\/b><\/pre>\n<div style=\"text-align: justify;\">Juli\u00e1n Morel y Alberto Silva, dos amigos \u00edntimos, jugaron con el amor en sus a\u00f1os mozos, echando suertes a la felicidad o a la malaventura. Estos dos novicios de la existencia fueron dando forma a sus episodios para lo fugaz, el uno, y para la vida entera, el otro, en su paso por la adolescencia. \u00bfQui\u00e9n escapa a este juego naciente, en la edad temprana? Para unos, lo que se llama amor, tiene enga\u00f1oso aroma de ilusi\u00f3n, en delet\u00e9rea aventura pasajera, en tanto que para otros es una emboscada seria, en la que quedan definitivamente atrapados.<\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Morel era un muchacho que no serv\u00eda para nada, pero que ten\u00eda sangre dulce para hacerse de amigos. Alegre, bromista, cordial, era el tipo que atra\u00eda, que ca\u00eda bien. Gastaba el tiempo en pasear, vagando con los amigos y galanteando a las chicas que se hallaban al paso. Su amigo Silva estudiaba, era de natural serio, adentrado en s\u00ed mismo, de temperamento apasionado que odiaba las veleidades. Ambos ten\u00edan amistad con las muchachas de dos familias pr\u00f3ximas, simp\u00e1ticas primas que viv\u00edan en casas juntas que se tocaban. La bella Alicia hab\u00eda llegado a impresionar hondamente a Juli\u00e1n Morel. De otro lado, la morena Isolda constitu\u00eda la ardorosa atracci\u00f3n de Alberto Silva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para Juli\u00e1n, esa amistad, que era amor sentido, no pasaba de la b\u00fasqueda de diarias oportunidades para ofrendar, a distancia, miradas furtivas a la encantadora Alicia, blanca, musical, pues sol\u00eda entonar dulces y sentimentales canciones. Nunca hab\u00eda logrado entrar a fondo en el trato con la chica a quien Morel amaba secretamente. Se contentaba con darle inn\u00fameros pases por el frente de la casa, y parece que nunca encontr\u00f3 suficiente resoluci\u00f3n para declararle formalmente lo que sent\u00eda por ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><!--more--><br \/>\nAlberto, en mejores circunstancias, pod\u00eda entrar de visita en casa de Isolda, de cuando en cuando, aunque, muchacho a\u00fan, no pod\u00eda atraer, en serio, la atenci\u00f3n de los padres de la chica, ni pod\u00eda desenvolverse en alguna forma divertida, por su natural reservado y cohibido, en el c\u00edrculo que infaltablemente le tend\u00eda la gente mayor de la familia, sin conceder un minuto de aislamiento a la inocente pareja de aspirantes a enamorados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tiempos ya idos en los cuales las muchachas viv\u00edan como enclaustradas. No se pod\u00eda verlas ni saludarlas sino cuando iban al colegio o rondando sus casas. Por eso, las esquinas de las calles eran los lugares estrat\u00e9gicos que poblaban grupos de j\u00f3venes \u00e1vidos por hacer el amor a la pasada. De ah\u00ed que Juli\u00e1n y Alberto, incapaces de resoluciones heroicas para menudear las arduas visitas a casa de las primas, prefer\u00edan la constancia sin tregua y el cansancio idiota de ir y venir por la vereda que les permit\u00eda alguna vez, de d\u00eda, mirar a la dulce amada por casualidad o si de prop\u00f3sito ella se paraba en el interior, frente al zagu\u00e1n, para dejarse ver y saludar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Qu\u00e9 tiempos aquellos, de insensatos prejuicios! \u00a1Cu\u00e1ndo como ahora, los j\u00f3venes y las muchachas pod\u00edan verse y hablarse libremente, a solas, en casa o en lugares de paseo!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasaron a\u00f1os as\u00ed, \u00a1cosa incre\u00edble! A\u00f1os de tormento y asiduidad para los dos amigos: una verdadera condena a largo plazo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al fin, Juli\u00e1n Morel, definitivamente frustrado, sin esperanza, abandon\u00f3 su amor que naci\u00f3 y se quem\u00f3 en mera ilusi\u00f3n. Como exiliado por su propio querer, march\u00f3se de la peque\u00f1a ciudad y qued\u00f3 cortado el compa\u00f1erismo de los dos amigos, a trav\u00e9s de largo tiempo.<\/p>\n<pre style=\"text-align: center;\"><b>(II) Los c\u00edrculos fatales<\/b><\/pre>\n<p style=\"text-align: justify;\">Juli\u00e1n Morel se aventur\u00f3 por tierras extra\u00f1as. Le era igual sufrir o morir en la ciudad aldeana como en cualquier otra parte. Lejos, permanentemente ausente, esperaba que el recuerdo se fuese debilitando poco a poco, hasta esfumarse y borrarse del todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que le importaba era salir de la rutina amarga y est\u00fapida, cual era vivir como quien mira una estrella inasible, incesantemente obcecado, so\u00f1ando con el amor de una mujer hecha para azucena de castidad, sin ser correspondido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a1Al diablo con su miserable y triste suerte! Hab\u00eda nacido \u00e9l para vagar y huir, ocioso y sin objetivo, como perro sin due\u00f1o. Pues a recorrer tierras extra\u00f1as! Y as\u00ed, de pueblo en pueblo, se fue a lejanos confines.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hab\u00eda transcurrido mucho tiempo, cuando su amigo Alberto, que qued\u00f3 encadenado al terru\u00f1o natal, recibi\u00f3 carta del ausente. \u00a1Qu\u00e9 diablo de hombre! Incre\u00edble sujeto. Se hab\u00eda vuelto aventurero a carta cabal. Una tras otra, a pocos meses, llegaba su correspondencia en la que revelaba arrestos imprevistos, insospechados. Hablaba de mujeres, de empleos a conseguir, de audaces empresas. Empezaba a dejarlos chicos, apocados, a sus camaradas provincianos, ante los cuales, en la tierra chica, \u00e9l se sent\u00eda muy inferior.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que vale salir. \u00c9ste s\u00ed que no hab\u00eda sido profeta en su tierra. Ya sorprender\u00eda luego con situaciones de no esperarse, de no haberse imaginado nunca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cambio, el t\u00edmido Alberto, con su carga sentimental, de la que no pudo sacudirse, permaneci\u00f3 enclavado en la peque\u00f1a ciudad. Su padre ve\u00eda que este pobre chico se consum\u00eda, que sufr\u00eda un mal de amor extra\u00f1o, de esos que se agotan y anulan, que deprimen y aniquilan, como un virus de ra\u00edces lacerantes en lo profundo&#8230; Un mal que el padre experimentado, fuerte y de temple de acero, no hab\u00eda conocido nunca, ni pod\u00eda imagin\u00e1rselo. Ve\u00eda como \u00fanica salvaci\u00f3n para su hijo el enviarlo a cursar estudios en la capital. Pero Alberto no dio o\u00eddos a tal proposici\u00f3n. \u00bfSepararse de la chica? Cosa imposible. Podr\u00eda venir otro a ocupar su lugar y si ella no le fuese leal, para \u00e9l ser\u00eda la muerte. Por otro lado, no pod\u00eda desprenderse de su madre. Nunca se hab\u00eda alejado de ella. No podr\u00eda dejarla sola, sin \u00e9l, por mucho tiempo. Sin el contacto con estos dos amores supremos, el muchacho no podr\u00eda vivir. Su desmesurada manera de sentir lo conduc\u00eda a un destino inevitable: el destino del condenado. Si este amor se hab\u00eda alimentado mucho tiempo, desde su amanecer adolescente, no pod\u00eda subsistir en la insatisfacci\u00f3n que, de tanto durar, lleva a la desesperanza y al desmedro irremediable. Amor y pasi\u00f3n, en Alberto, hab\u00edan creado demasiados hilos \u00edntimos que el tiempo los fue estrechando cada vez m\u00e1s, para dejar cerrado, definitivamente, el nudo de su destino. La soluci\u00f3n para Alberto no pod\u00eda ser otra: casarse; s\u00ed, no hab\u00eda otra forma, aunque no terminara a\u00fan la carrera de sus estudios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00edan pasado a\u00f1os. Juli\u00e1n Morel, el vivaz aventurero, se desenvolv\u00eda por tierras del Caribe. El aire de los mares distantes hab\u00eda renovado su esp\u00edritu, haciendo de \u00e9l un hombre avisado, pr\u00e1ctico, oportunista, dado al goce del amor ligero que le ofrec\u00edan las ardientes muchachas del tr\u00f3pico, seg\u00fan confesaba su correspondencia. Pero en medio de todo, de cuando en cuando, deslizaba en sus cartas preguntas que reviv\u00edan el recuerdo de su amada ideal y distante. El amor imposible tambi\u00e9n tiene ra\u00edces misteriosas&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cierto d\u00eda recibi\u00f3 Alberto el anunci\u00f3 del regreso de Juli\u00e1n al lugar natal. Lleg\u00f3 con la llaneza ingenua del amigo de siempre, sin ostentaciones ni falsos cambios. Su personalidad era la misma, pero afloraba en ella una expresi\u00f3n definida que la afirmaba en sus contornos naturales. El encontr\u00f3 con la misma naturalidad a Alberto e Isolda, sorprendi\u00e9ndole gratamente el cortejo de la familia ya crecida que ellos hab\u00edan formado y que para Juli\u00e1n era lo \u00fanico nuevo que descubr\u00eda a su alrededor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la peque\u00f1a ciudad hall\u00f3 todo lo mismo. Pero un detalle&#8230; \u00ab\u00bfY ella?&#8230;\u00bb, pregunt\u00f3 Juli\u00e1n. Indudablemente se refer\u00eda a Alicia, que no era ya la flor espl\u00e9ndida de su juventud. Se hab\u00eda marchitado un tanto. Acaso ella tambi\u00e9n haya sufrido alguna desilusi\u00f3n que habr\u00eda cortado sus anhelos secretos&#8230; Se hab\u00edan despejados los caminos. Alicia y sus hermanas mayores viv\u00edan solas, bajo la sombra de la madre anciana, que hab\u00eda enviudado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Juli\u00e1n, con los arrestos de hombre bien hecho y rodado por el mundo, propuso a Alberto hacer juntos una visita a Alicia. Cuando se realiz\u00f3, las cosas no tuvieron nada de particular. Se vieron y hablaron como buenos amigos. Ya no hab\u00eda lugar para alentar ning\u00fan amor, porque cuando este se ha quedado apagado como una hoguera a la distancia, no queda ni el moribundo rescoldo que no se enciende bajo cenizas. Fue una sola visita y una sola despedida, esta vez para siempre. Juli\u00e1n, al sumirse de nuevo en su ausencia definitiva, no dej\u00f3 acaso ni el h\u00e1lito de un suspiro, pues Alberto no le oy\u00f3 pronunciar palabra alguna sobre su perdido amor. Cay\u00f3 el tel\u00f3n del olvido sobre su pasado ya muerto.<\/p>\n<div style=\"text-align: center;\">***<\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\">La vida de Alberto e Isolda, igual en el amor y la ternura en los primeros tiempos, se vio enturbiada, con el correr de los a\u00f1os, por ese paulatino e insensible amortiguamiento que la existencia invariable va haciendo pesar sobre el amor, adormeciendo, poco a poco, el acicate de la pasi\u00f3n y el inter\u00e9s que despierta el propio amor viviente, en su plenitud, cuando a\u00fan no est\u00e1 relegado al fondo, por la costumbre que lo torna mon\u00f3tono y trivial. As\u00ed, pues, lleg\u00f3 el tiempo en que, supuesto el amor, en la superficie de los d\u00edas de Alberto e Isolda se ense\u00f1ore\u00f3 la aparente indiferencia, con su frialdad de ama intrusa a quien no se ha llamado, pero que, una vez asentada en el hogar, lentamente va ejerciendo su dominio. Llegados a este punto, la vida de los dos, sabi\u00e9ndose el uno due\u00f1o del otro, no encontraba ya nada nuevo, nada que alimentara su mutuo amor con nuevas emociones, con el fluir de una fuente ideal que fecundara su esp\u00edritu en dichosa comprensi\u00f3n. La vulgaridad est\u00e1, precisamente, en la vida prosaica, uniformemente cansada. Y cuando s\u00f3lo cuenta el habito cotidiano y lo rutinario, lo mec\u00e1nico, lo material, no hay amor que aguante. Toda ilusi\u00f3n se marchita con el toque rudo de la realidad. Lo \u00fanico que sostiene y alimenta el amor es el ideal, acercador, comprensivo, que forma una sola alma en los seres que se aman. La sola pasi\u00f3n, el sexo, es la trampa m\u00e1s traidora del amor. Sin embargo, el adolescente, con frecuencia, se enga\u00f1a, y en los arreboles de la vehemencia, que la pasi\u00f3n inflama, cree que siente amor, y aunque ame verdaderamente, si no encuentra la mutua afinidad que funde dos almas en la comprensi\u00f3n de ideales, se frustra la ilusi\u00f3n so\u00f1ada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como la lluvia lenta, pertinaz y menuda, que cala y entumece, el fr\u00edo aburrimiento se cerni\u00f3 en el gastado tamiz de la vida cotidiana. Faltaron diariamente las confidencias y ternuras de los primeros tiempos, las entra\u00f1ables palabras que expanden y elevan el alma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta que un d\u00eda, horrendo y aciago para Alberto, sucedi\u00f3 lo que \u00e9l nunca pudo desear ni prever.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como tantas otras veces hab\u00eda acontecido, en esta ocasi\u00f3n fueron surgiendo de la nada palabras necias entre Alberto e Isolda. La terquedad e incomprensi\u00f3n de ella ofuscaron, s\u00fabitamente, el \u00e1nimo exaltado de Alberto. Nunca le hab\u00eda ocurrido cosa semejante. Siempre, en situaciones parecidas, hab\u00eda optado por callarse y salir del lugar de la discusi\u00f3n. Pero, en esta vez, le sobrevino, fatalmente, un impulso ciego, irrazonado e incontenible, una fuerza inconsciente que le impulsaba a golpear, con la brutalidad de una represalia sin palabras. Y as\u00ed lo hizo, mec\u00e1nicamente, acerc\u00e1ndose a Isolda y descarg\u00e1ndole un golpe en la cara. Ella dio un grito exagerado: \u00ab\u00a1Ay, me mata!\u00bb. Entonces \u00e9l volvi\u00f3 sobre sus pasos, con la sensaci\u00f3n de haber cometido una locura, un hecho atroz, tras el leve pero ofensivo golpe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sali\u00f3 de la habitaci\u00f3n todo \u00e9l confuso, aturdido, como enajenado. Los labios secos. Le faltaba el aliento. Sent\u00eda en todo su ser, en lo \u00edntimo del alma, en sus fibras, en su carne, en el esqueleto vestido y m\u00f3vil de su cuerpo, un declinar de sus fuerzas, el desequilibrio de una angustia intensa que lo colocaba al borde de un desvanecimiento. Esto le imped\u00eda caminar con seguridad e iba por las calles, lento, como un son\u00e1mbulo, sin saber a donde dirigirse. Instintivamente, tom\u00f3 el rumbo que lo llevara a las afueras de la ciudad, a la inmediaci\u00f3n del campo, huyendo de todo el mundo. Por casualidad, encontr\u00f3 una casa aislada, en la que observ\u00f3, al paso, que hab\u00eda algo de beber. Pidi\u00f3 cerveza para dejarse estar ah\u00ed, solo, en un cuartucho desmantelado, sin que nadie reparara en su presencia. Cansado de beber, al cabo de unas horas, sinti\u00e9ndose un tanto calmado, m\u00e1s due\u00f1o de s\u00ed mismo, decidi\u00f3 volver tarde a su casa. Cuando lleg\u00f3, se le hizo dif\u00edcil penetrar. Hab\u00eda venido caminando como un ente extra\u00f1o, sintiendo las sensaciones que, con toda seguridad, han de sacudir el \u00e1nimo de un presidiario que ha salido pagando su crimen y se siente confundido, entre temeroso y anhelante, al ir a traspasar el umbral de su vivienda, donde tiene que encontrar a alguno de los suyos, o la impresi\u00f3n igualmente confusa, desordenada, inquieta, que debe sentir el loco liberado, a quien se considerase capaz de recomenzar una vida normal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alberto no estaba loco, pero s\u00ed sent\u00eda la sensaci\u00f3n oscura de que no fue \u00e9l, de que moment\u00e1neamente e insospechadamente, en aquel arrebato extra\u00f1o hab\u00eda surgido en \u00e9l un impulso ajeno, el de un esp\u00edritu demon\u00edaco, el impulso de algo que, no siendo \u00e9l, hab\u00eda estado escondido, embozado, en lo rec\u00f3ndito del ser&#8230; Y es que no sabemos cu\u00e1ntos mal\u00e9ficos esp\u00edritus o demonios ocultos alientan en las penumbras interiores de nuestra humanidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Definitivamente, Alberto no se conformaba con que hubiese dejado de ser el mismo de siempre, el mismo que en tantos a\u00f1os vino amando, con delicada y honda pasi\u00f3n, a su Isolda. No sab\u00eda como borrar su culpa. Se sent\u00eda anonadado, constantemente herido por una espina adentro, como destruido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si todo hab\u00eda cambiado y la fatalidad destructora, que es el sino del tiempo, hab\u00eda mostrado que ni \u00e9l ni Isolda eran ya los mismos, mejor quer\u00eda acabar o hundirse en una soledad absoluta, hasta que el amor velado o el definitivo desenga\u00f1o dijesen su \u00faltima palabra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se acord\u00f3 Alberto de que hac\u00eda algunos a\u00f1os, en la mocedad con Juli\u00e1n Morel, se invitaban a cualquier parte para hacer correr\u00edas de campo. Fueron una vez a un terreno abrupto, solitario, escondido entre bre\u00f1ales y quebradas, donde hab\u00eda una pobre casita de la hermana de Juli\u00e1n. No distaba mucho. Alberto recordaba el camino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La idea de ir all\u00e1 naci\u00f3 de repente en la mente de Alberto, como inspiraci\u00f3n halagadora. No hab\u00eda otro refugio comparable, para confinar su angustia. Pidi\u00f3 la casa a Teresa, la hermana de Juli\u00e1n. Tom\u00f3 lo indispensable y march\u00f3 a ese reducto cerril. \u00abVoy a pasar una semana en el rancho de un amigo\u00bb -dijo- y se despidi\u00f3 de Isolda hasta pronto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue a tranquilizar su esp\u00edritu lacerado, a tender y adormecer su angustia en el paraje abrupto, est\u00e9ril, como la ruina de su alma, en el cual, sin embargo, su esp\u00edritu se aquietaba, fundi\u00e9ndose en la contemplaci\u00f3n y la soledad y la soledad del agreste paisaje, cual un alivio dulce en un lecho de plumas. Acordes con su estado y la postraci\u00f3n de su \u00e1nimo, se presentaban a su vista, como hermanos que ha estropeado la vida, los no lejanos bre\u00f1ales del otro lado del r\u00edo que corr\u00eda por la ca\u00f1ada inmediata; los desgastes rocosos, cual columnas p\u00e9treas de antiguos castillos derruidos, que remataban en figuras c\u00f3nicas, grises, amarillas y ros\u00e1ceas. Ten\u00edan para su angustia, para su sed de soledad abismal una atracci\u00f3n extra\u00f1a: la landa est\u00e9ril y despoblada, las quiebras de los cercanos ramblares, los faiques umbrosos, insinuantes, acogedores. En el pedriscal del ribazo, donde se hallaba la vieja y abandonada casa, le atra\u00eda la vegetaci\u00f3n extra\u00f1a que se ofrec\u00eda a sus ojos, y se sent\u00eda calmado, tranquilo, consolado, a la vista de los cardizales, de las matas aisladas de pencas, de los grises nopales y del \u00e1rido terreno poblado de <i>moshquera<\/i>. La casa cerrada, vac\u00eda, desmantelada, le pareci\u00f3 un asilo acogedor. Amaba lo r\u00fastico, lo simple, lo primitivo, donde se palpa la tierra desnuda del suelo pisoneado y las llanas paredes de barro rellenas, que forman tranquila y dulce caba\u00f1a. Para Alberto, aparte de las mansiones se\u00f1oriales y espl\u00e9ndidas, brindaban tambi\u00e9n cierto atractivo las humildes casitas y caba\u00f1as, aisladas en las faldas de los campos, a la vera de los caminos. Para \u00e9l, todo esto se hermanaba y confund\u00eda en un hondo significado: el dolor y sencillez de las gentes humildes, la pobreza, el sudor y la comuni\u00f3n, uncida y dulce, con la tierra, nuestra madre y \u00abnodriza\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasaron los d\u00edas de la agreste y solitaria recuperaci\u00f3n de Alberto. Se sent\u00eda ya tranquilo y aliviado. El cambio radical de ambiente, labrado como un pozo donde fue a descargar su angustia, le dej\u00f3 aquietado, sereno, para la vuelta al hogar. Y a seguir viviendo, como antes, la existencia de siempre&#8230;<\/p>\n<pre style=\"text-align: center;\"><b>(III) El \u00faltimo viaje<\/b><\/pre>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquello no era la vida que hab\u00edan anhelado los dos. En verdad, Alberto no deseaba existir tan s\u00f3lo para el amor. Pero si amaba y era amado, deb\u00eda sentir la ventura que en ello se encuentra. Isolda deb\u00eda demostr\u00e1rselo, como en la edad moza y prometedora. \u00bfHabr\u00eda sido pasi\u00f3n solamente? Alberto cavilaba: la pasi\u00f3n en s\u00ed, que el sexo alimenta y en \u00e9l se inspira, a trav\u00e9s de todos los disfraces, dura lo que puede durar el goce que le es propio, hasta cuando tenga aliento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el amor subsiste aunque la pasi\u00f3n fenezca y a trav\u00e9s de todas las edades. Y con el amor la ternura, con el amor la comprensi\u00f3n plena, la compenetraci\u00f3n de las almas, en todo tiempo. Estos sentimentalismos le llevaban a Alberto a despertar por la actitud extra\u00f1a, apagada, indiferente, que tra\u00eda Isolda para con \u00e9l, no sab\u00eda desde cuando. Cansado estaba ya de sufrirla. \u00bfAcaso Isolda no le conoci\u00f3 triste, en la mejor juventud y en los largos a\u00f1os de enamoramiento?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nunca mostr\u00f3 Alberto preferencia y apego a las diversiones. No le entusiasmaba el baile. La danza era contrapuesta a su car\u00e1cter grave y callado. S\u00f3lo encontraba placentero el bailar con su amada Isolda. Cuando ella lo hac\u00eda con otros, \u00e9l no pod\u00eda ocultar su ansiedad, la profundidad de su tristeza. Isolda le contemplaba, med\u00eda su inquietud, palpaba su melancol\u00eda, y cuando ella pasaba con su pareja cerca de donde \u00e9l estaba, le hablaba con los ojos, con el lenguaje claro, dulce, tierno de esos ojos que \u00e9l tanto amaba. En ellos le\u00eda que Isolda, entornando su amoroso mirar, a \u00e9l le dec\u00eda: \u00ab\u00bfQu\u00e9 tienes, qu\u00e9 te pasa, por qu\u00e9 te pones as\u00ed?\u00bb Y entonces \u00e9l quedaba consolado. S\u00ed as\u00ed era Alberto, si Isolda le conoci\u00f3 irremediablemente triste, \u00bfpara qu\u00e9 le am\u00f3? Sin duda, para curar su mal de amor y darle felicidad. Y as\u00ed fue. Pero cuando la pasi\u00f3n que herv\u00eda dentro del amor se quem\u00f3 en largo tiempo, hasta quedar en cenizas, ya no fue lo mismo, porque el amor de Isolda se encerr\u00f3 en la reserva, en la frialdad y en algo parecido a la indiferencia. Sin embargo, hab\u00eda un amor, pero lo ins\u00f3lito estaba en que Isolda se lo demostraba a Alberto s\u00f3lo cuando los dos se separaban, cuando mediaba una ausencia. El afecto que ambos se prodigaban cuando volv\u00edan a estar juntos no compensaba el fr\u00edo de la soledad que Alberto soportaba largo tiempo. Se esfumaba el instante fugaz de ternura que ambos experimentaban cuando volv\u00edan a estar juntos y luego continuaba y se ense\u00f1oreaba la misma vida que ella impon\u00eda.<\/p>\n<pre style=\"text-align: center;\"><i>\u00bfQui\u00e9n decir podr\u00eda decir\r\n que entiende lo que es la sangre?\r\n \u00a1Oh, si de repente\r\n enrojecieran los mares! <\/i>(Novalis)<\/pre>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alberto e Isolda hab\u00edan deseado hacer un viaje y en efecto lo resolvieron. Se dirig\u00edan a la costa, anhelando un cambio profundo de impresiones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El carro tramontaba veloz la altura de la serran\u00eda. Serpenteaba la carretera a trav\u00e9s de la monta\u00f1a cerrada. La belleza esplendente de la ma\u00f1ana soleada en las tierras bajas, qued\u00f3 nublada en las agrestes alturas. Dejando atr\u00e1s los pajonales del p\u00e1ramo, el escalonado descenso de la carretera iba mostrando, al paso, primero los grandes y variados helechos; luego la tupida y exuberante vegetaci\u00f3n entre la cual surg\u00edan achiras gigantes de largas y anchurosas hojas; en la innumerable variedad de lo selv\u00e1tico, destac\u00e1banse \u00e1rboles finos, enhiestos, que se elevan como m\u00e1stiles; otros altos y frondosos, en ardiente policrom\u00eda; despu\u00e9s, entre la broza de cultivos, ya asomaban los \u00e1rboles de caucho o los atrayentes cacaotales, y, fluyendo las distancias, a uno y otro lado de la v\u00eda, la sabana verde, uniforme, de inmensos bananales que dan la sensaci\u00f3n de ub\u00e9rrima, maravillosa, de la fecundidad y belleza de nuestras planicies tropicales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era una fulgente tarde de verano. El d\u00eda declinaba en un oc\u00e9ano celeste de suave, transparente y tibia luz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la luminosidad del crep\u00fasculo en marcha, belleza y dulzura armonizaban con el h\u00e1lito tibio, carnal, del ambiente costanero. La brisa de la hora impregnaba, suave, sus caricias aladas, en el \u00e1mbito inconmensurable. Efervescencia del c\u00e1lido coraz\u00f3n tropical, atemperado en el atardecer luminoso, que lleva al alma milagros de visiones interiores, con esa dulzura y claridad que ha de sentir la propia alma en el momento de morir, l\u00facida y calma, cuando una deliciosa tranquilidad transparente la lleve a asirse como de un claro rayo de luna que le sirviera de puente hacia el infinito, maravilloso y eterno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Crep\u00fasculo del tr\u00f3pico, calor de sangre viva, ola de esp\u00edritu que anega y envuelve dulcemente. Tibieza de sangre alada, en la brisa templada y liviana de la hora tranquila. Incitaci\u00f3n en todo lo que nos rodea.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El alma de Alberto rebosaba de alegres e imponderables encantos ante esos portentos de la naturaleza que, por cierto, ya los hab\u00eda gozado en veces anteriores. No era un asombro de primera ocasi\u00f3n. Su esp\u00edritu, vuelto a la luz y al est\u00edmulo de vivir, volaba, raudo, en el af\u00e1n de encontrar el mar inmenso. Hab\u00edan llegado a la cuenca m\u00e1s baja y plana, donde se percibe, como una niebla de verde p\u00e1lido distante, un horizonte sin riberas. El aliento del mar estaba pr\u00f3ximo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por fin cruzaron las primeras arenas a\u00fan cubiertas de vegetaci\u00f3n y luego la tierra se abri\u00f3, como un vientre anchuroso, de enorme elipse, que abarcaba el mar puro, verdoso y ondulante. Llegaron a la l\u00ednea semicircular que limitaba una extensa bah\u00eda. La playa tendida, amplia y de agua baja, invitaba a sumergirse en el suave y espumoso oleaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero era la hora del postrer incendio solar y Alberto no quer\u00eda perderlo sin gozarlo con toda su alma. Nada hab\u00eda admirado tanto como el espect\u00e1culo grandioso del poniente en el mar, cuando la esfera inmensa del sol -sol dos veces sol del que luce en la serran\u00eda- se deja mirar en plenitud, cual ascua viva de oro deslumbrante, y ya paulatinamente hundi\u00e9ndose en el conf\u00edn lejano y combo del horizonte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde la ribera llana, de limpia arena tendida, observ\u00f3 Alberto, a algunas cuadras de distancia, un acantilado irregular que se destacaba en un recodo del extremo circular de la playa.\u00a0Atra\u00eddo por la pompa luminosa del poniente, se dirigi\u00f3 all\u00e1. Solitario y sumido en \u00e9xtasis, para contemplar desde la altura del acantilado el naufragio del sol en el oc\u00e9ano, ese inmenso sol, de rojo p\u00e1lido visible, que ya no deslumbraba y se dejaba admirar.\u00a0Subi\u00f3 al acantilado, de risco en risco, hasta un mol\u00f3n elevado. El mar, al pie, arreciaba su potente oleaje, con revuelo\u00a0<span style=\"line-height: 1.5;\">de crecientes espumas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alberto logr\u00f3 descender un pelda\u00f1o del abismo, para sentarse a contemplar el sublime espect\u00e1culo. Sigui\u00f3 con mirada absorta el lento declinar del astro, cuya roja esfera se iba cortando en la l\u00ednea del horizonte, como una luna en menguante. Ajeno al flujo intermitente, no advirti\u00f3 el momento en que una ola inmensa, alta como una pared andante y demoledora, se acerc\u00f3 violenta y fue a chocar en el acantilado, con el monstruoso impacto que imprime el mar en las rocas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es el destino del mar y el destino de quien no sabe medir la fuerza arrolladora de sus entra\u00f1as hirvientes, inconmensurables y m\u00f3viles. El oc\u00e9ano atrae, cautiva el color de su espejismo, encanta y arroba el alma por su majestuosidad oscilante y grandiosa; pero tambi\u00e9n aterra, por lo abismal e impetuoso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alberto, probablemente, no sinti\u00f3 el tiempo de un segundo en que fue barrido por el poderoso elemento. No percibi\u00f3 el instante fugitivo en que fue cortado el \u00e9xtasis de su contemplaci\u00f3n, que tanto le embeb\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muerte bella, en el sentimiento intenso de lo bello; muerte dulce y tranquila, por la inmersi\u00f3n violenta en lo insondable y profundo, donde no quedan restos ni se\u00f1ales, como \u00e9l lo hubiera deseado. As\u00ed, sin quererlo, encontr\u00f3 Alberto la muerte excelsa que busc\u00f3 Ganivet.<\/p>\n<pre style=\"text-align: center;\"><strong>Los animales mansos<\/strong> (relatos)<\/pre>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter\" title=\"Los animales mansos\" src=\"http:\/\/www.bipedosdepredadores.com\/media\/4\/20150823-animales_mansos.jpg\" alt=\"Los animales mansos\" width=\"284\" height=\"448\" \/><\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(I) Perfil de ilusi\u00f3n Juli\u00e1n Morel y Alberto Silva, dos amigos \u00edntimos, jugaron con el amor en sus a\u00f1os mozos, echando suertes a la felicidad o a la malaventura. Estos dos novicios de la existencia fueron dando forma a sus episodios para lo fugaz, el uno, y para la vida entera, el otro, en su&#8230;<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":["post-141","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-jose-maria-bermeo-valdivieso"],"views":992,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/bipedosdepredadores.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/141","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/bipedosdepredadores.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/bipedosdepredadores.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/bipedosdepredadores.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/bipedosdepredadores.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=141"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/bipedosdepredadores.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/141\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":147,"href":"https:\/\/bipedosdepredadores.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/141\/revisions\/147"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/bipedosdepredadores.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=141"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/bipedosdepredadores.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=141"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/bipedosdepredadores.kantoborgy.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=141"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}