{"id":314,"date":"2016-08-30T17:31:49","date_gmt":"2016-08-30T17:31:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.bipedosdepredadores.com\/?p=314"},"modified":"2024-03-07T10:09:24","modified_gmt":"2024-03-07T15:09:24","slug":"soberbia-franciscana-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/bipedosdepredadores.kantoborgy.com\/?p=314","title":{"rendered":"Soberbia Franciscana"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\">&#8230;ya no existen los estudiantes cr\u00edticos, tan solo quedan borregos.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em><strong>\u00abMuchas ramas y ninguna ra\u00edz\u00bb<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y el negocio rampante en estas tierras del ombligo del mundo, es la venta de libros \u00abacad\u00e9micos\u00bb . Los hay para todo nivel, sepan o no leer, gusten o no de la lectura; las \u00abuniversidades\u00bb, \u00abcolegios\u00bb,\u00a0\u00abescuelas\u00bb sean estas \u00faltimas del milenio o no, sean las de educaci\u00f3n superior del tinte pol\u00edtico del momento o de marca&#8230; sencillamente de marca del dinero. No importa si quien produce esos libracos es a fin o no al gobierno, al final de cuentas lo que importa es el negocio, ya luego se dan el tiempo para injuriar profanado los m\u00e1s sonoros e irrepetibles dicterios a los gobernantes de turno que les compran esas \u00abcreaciones iluminadas\u00bb&#8230; de comisiones viven aquellos b\u00edpedos. \u00a0Todos obligados a leer, sin importar que sean bagatelas creadas por mercaderes y para el mercado de borregos en pos de un titulejo del quinto mundo. Bueno, haciendo honor a la verdad, esto tambi\u00e9n sucede en el \u00abprimer mundo\u00bb s\u00ed, en aquel primer fundillo del cual ya notables personajes han dicho todo, claro, no les creen por haber ganado un Premio Nobel&#8230; y es que como se lo dan actualmente a cualquier fantoche, seg\u00fan manda la geo-pol\u00edtica, al menos esto se ve \u00a0en cuanto a temas de \u00abpaz\u00bb. Y el negocio de \u00ablibrillos acad\u00e9micos\u00bb \u00a0genera mucho dinero, el cual es inversamente proporcional a la calidad del contenido, desde cuentuchos para los cr\u00edos biso\u00f1os, hasta vanales y atrevidas cr\u00edticas a viejos y consumados fil\u00f3sofos, escritos\u00a0por alg\u00fan iluminado pseudo-fil\u00f3sofo, evidentemente premiado por su instituci\u00f3n y laureado por la masa de lambones pseudo-lectores de esas pseudo revistas de actualidad; y claro, fueron escritas esas necedades para \u00a0los \u00abuniversitarios franciscanos\u00bb quienes sudorosos llegan a las librer\u00edas a comprar a cualquier precio\u00a0el \u00abbest seller de su profesosillo\u00bb luego leer\u00e1n \u00e1vidamente pero sin entender, sin comparar, sin ir a investigar en la fuente, sin leer al denostado fil\u00f3sofo Nietzsche tildado por un oligofr\u00e9nico como \u00abpar\u00e1sito de Emerson\u00bb ; solo desean \u00abaprender\u00bb memorizar estulticias con su \u00a0punto y coma, \u00a0con tal de obtener\u00a0el favor de su \u00abmaestrillo\u00bb quien le dar\u00e1 el avent\u00f3n para lograr ser un \u00abprofesional del reba\u00f1o\u00bb. Obviamente ese af\u00e1n estudiantil, se ha visto aupado por el acontecer actual en donde la burrocracia acartonada, sin capacidad cognoscitiva, medra en los puestos altos y bajos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfQu\u00e9 fil\u00f3sofo o literato no ha sido influenciado por sus antepasados, o por sus contempor\u00e1neos? \u00bfQu\u00e9 ser humano&#8230;? Las coincidencias, o el desarrollo de ideas a partir de bases de otros b\u00edpedos es algo com\u00fan, y no por ello incorrecto, as\u00ed se ha desarrollado la humanidad, y ello no implica que Federico haya sido un ep\u00edgono de Emerson; pero solo un inerme mental podr\u00eda referirse con ello al parasitismo. Queda entonces la pregunta de c\u00f3mo este atrevido franciscano llamar\u00eda a H. D Thoreau, quien declar\u00f3 su l\u00ednea con Emerson, quien a su vez de Thoreau dijo: \u00abEn cualquier lugar de Inglaterra se descubren restos romanos, sus urnas funerarias, sus campamentos, sus carreteras, sus moradas, pero afortunadamente Nueva Inglaterra no est\u00e1 basada en ninguna de esas ruinas. No tenemos que reposar los cimientos de nuestras casas sobre las cenizas de una civilizaci\u00f3n anterior.\u00bb<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<pre><strong>HARVARD<\/strong>\r\n<em>muchas ramas y ninguna ra\u00edz<\/em><\/pre>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00abCambridge, la ciudad universitaria separada de Boston por el r\u00edo Charles, era en 1833 una poblaci\u00f3n peque\u00f1a, casi rural, con calles flanqueadas por olmos, tilos y casta\u00f1os de Indias, y bosques y campo abierto a pocos minutos de distancia. El colegio universitario de Harvard, oficialmente un centro unitario, consist\u00eda en una serie de modestos edificios de ladrillo rojo: residencias, aulas, una capilla y la biblioteca que, en opini\u00f3n de <strong>Thoreau<\/strong>, redim\u00eda todo lo dem\u00e1s. Un d\u00eda lectivo comenzaba en Harvard a las seis de la ma\u00f1ana (en invierno, media hora antes del alba), cuando todo el colegio se reun\u00eda para rezar en la capilla sin calefacci\u00f3n. Tras las plegarias, los alumnos repasaban sus lecciones antes del desayuno, que consist\u00eda en caf\u00e9, bollos calientes y mantequilla, aunque algunos consegu\u00edan recuperar las lonchas de carne que hab\u00edan dejado clavadas bajo la mesa desde la cena. De diez a doce todos los estudiantes recitaban o escuchaban lecciones. Despu\u00e9s de comer, m\u00e1s clases y plegarias vespertinas a las seis, o al ponerse el sol en invierno. Se cenaba t\u00e9 y bocadillos de pan duro. A las ocho o nueve sonaba el toque de queda; quien rompiese el silencio recib\u00eda la visita del encargado y, en caso de ofensa grave, era amonestado en privado o en p\u00fablico. La vida acad\u00e9mica estaba regida por un sistema inventado por el rector Josiah Quincy: los estudiantes ganaban puntos por asistencia a clase y los perd\u00edan por mala conducta. El c\u00f3mputo incentivaba la competici\u00f3n, <strong>la repetici\u00f3n de memoria<\/strong> y la aceptaci\u00f3n de la autoridad. Tanto, que en marzo de 1 834 las cuatro promociones de alumnos solicitaron al claustro su abolici\u00f3n, por fomentar la envidia y el aprendizaje superficial. En el curso de <strong>Thoreau<\/strong> treinta y ocho estudiantes firmaron la petici\u00f3n, pero no recibieron respuesta alguna. El descontento creci\u00f3 hasta que un incidente puso el colegio patas arriba. El lunes 18 de mayo, el profesor de griego inform\u00f3 al rector de que en la clase de <strong>Thoreau<\/strong> un alumno se hab\u00eda negado a recitar la traducci\u00f3n que ten\u00eda asignada. Cuando le orden\u00f3 que lo hiciera, el estudiante cerr\u00f3 su libro y respondi\u00f3: <strong>No reconozco su autoridad.<\/strong> Se le exigi\u00f3 entonces que pidiese disculpas al profesor, pero se neg\u00f3 a hacerlo y abandon\u00f3 la universidad. Durante la noche del mi\u00e9rcoles, el aula de griego fue desmantelada por un grupo de estudiantes que destrozaron muebles y ventanas. Al d\u00eda siguiente, toda clase de ruidos procedentes de los bancos del alumnado perturbaron las plegarias matinales y vespertinas. Por la noche, desconocidos atacaron con piedras a la patrulla establecida para salvaguardar la propiedad universitaria. En una decisi\u00f3n sin precedentes, el rector decidi\u00f3 llevar a los responsables de los des\u00f3rdenes ante la administraci\u00f3n civil de justicia y, con s\u00f3lo tres excepciones, el segundo curso fue expulsado durante tres meses. <strong>Thoreau<\/strong> no particip\u00f3 en esa revuelta. De los sesenta y tres estudiantes de su promoci\u00f3n, se encontraba entre los diecinueve que se licenciaron sin haber sido sometidos por una raz\u00f3n u otra a la disciplina acad\u00e9mica durante los tres a\u00f1os de estancia en Harvard, que para \u00e9l fueron cuatro, pues tuvo que ausentarse por enfermedad durante varios per\u00edodos. Durante todo ese tiempo se mantuvo lejos de cualquier protagonismo. Aunque usaba un abrigo verde en el campus cuando las normas estipulaban el color negro para esa prenda, eso nunca se consider\u00f3 una ofensa, pues las autoridades sab\u00edan que <strong>Thoreau<\/strong> no vest\u00eda de color verde para infringir las normas, sino porque no pod\u00eda pagarse un abrigo nuevo. Cuando un hijo de familia rica como James Russell Lowell apareci\u00f3 vestido de marr\u00f3n, Quincy le llam\u00f3 de inmediato al orden. Por otra parte, cuando no estaba en la biblioteca <strong>Thoreau<\/strong> se dejaba llevar por la atracci\u00f3n que ejerc\u00edan sobre \u00e9l las riberas del r\u00edo y los campos cercanos a Cambridge; eso no mejor\u00f3 precisamente sus resultados acad\u00e9micos y tuvo que andarse con cuidado para conservar la beca que le permit\u00eda estudiar. Hab\u00eda descubierto que en los alrededores hab\u00eda m\u00e1s clases de p\u00e1jaros que en Concord. Quiz\u00e1 fuese porque en el interior los granjeros dominaban el terreno, aunque<strong> Thoreau<\/strong> se inclinaba a pensar, y as\u00ed se lo explic\u00f3 m\u00e1s tarde a un naturalista, que en un entorno urbano las aves encuentran m\u00e1s comida y protecci\u00f3n. O tal vez fuera porque el menor n\u00famero de \u00e1rboles en Cambridge tra\u00eda consigo una densidad mayor de p\u00e1jaros. O porque, si uno observa con atenci\u00f3n y tiempo suficiente, la naturaleza salvaje puede encontrarse en los lugares m\u00e1s insospechados. Harvard le dej\u00f3 un insaciable apetito lector. Una vez que paseaba con el joven Channing por Dunstable quiso leer la historia que de esa villa hab\u00eda escrito un erudito local; para satisfacer su ansia no se le ocurri\u00f3 otra cosa que llamar a la mejor casa del pueblo y preguntar a la muchacha que abri\u00f3 la puerta si pose\u00edan el libro en cuesti\u00f3n. As\u00ed era; ella se lo ense\u00f1\u00f3. Tras consultar el ejemplar, y para no tenerla esperando en el umbral durante m\u00e1s tiempo, le pregunt\u00f3 si no se lo vender\u00edan. La muchacha sonri\u00f3 sorprendida, pero acab\u00f3 por entregarle el libro a cambio de una modesta suma, tras lo cual los dos amigos continuaron el camino con nuevos br\u00edos. Se dice que <strong>Thoreau<\/strong> lleg\u00f3 a rechazar su diploma de Harvard, pero no fue el de bachiller, que a\u00fan se conserva guardado en alg\u00fan sitio, sino uno de Master of Arts que la universidad conced\u00eda autom\u00e1ticamente a todos sus bachilleres pasados tres a\u00f1os de la graduaci\u00f3n, siempre y cuando pagasen cinco d\u00f3lares. M\u00e1s de la mitad de los graduados de su promoci\u00f3n pagaron esa suma, pero \u00e9l dijo que <strong>a cada oveja le basta con su propia piel<\/strong>, y se neg\u00f3 a acumular m\u00e1s pergaminos. Eso s\u00ed, su expediente le permiti\u00f3 tomar parte en la ceremonia de graduaci\u00f3n junto con otros dos estudiantes. El t\u00edtulo del discurso que prepar\u00f3 para la ocasi\u00f3n es memorable: <strong>El esp\u00edritu comercial de los tiempos modernos<\/strong>, considerando su influencia en el car\u00e1cter pol\u00edtico, moral y literario de una naci\u00f3n. \u00a0En la parte que le tocaba del acto, subi\u00f3 al estrado y se dedic\u00f3 a denunciar el creciente apego de sus conciudadanos por los bienes materiales. Ante compa\u00f1eros y profesores continu\u00f3 el discurso con la declaraci\u00f3n de intenciones que anim\u00f3 toda su vida: Que los hombres sigan con autenticidad el camino que les indica su naturaleza y cultiven los sentimientos morales, viviendo vidas independientes y virtuosas; que hagan de las riquezas medios para la existencia, nunca fines, y no volveremos a escuchar una palabra sobre el esp\u00edritu comercial. El mar no va a detener su movimiento; la tierra seguir\u00e1 siendo tan verde y el aire tan puro como siempre. Este curioso mundo que habitamos es m\u00e1s maravilloso que conveniente, m\u00e1s hermoso que \u00fatil; est\u00e1 m\u00e1s para ser admirado y disfrutado que para ser utilizado. El orden social de las cosas deber\u00eda invertirse en cierto modo: el s\u00e9ptimo deber\u00eda ser el d\u00eda de labor en que el hombre se gane el pan con el sudor de su frente; los otros seis, su descanso dominical para el alma y los sentidos, para poder recorrer este amplio jard\u00edn y beber de los sutiles influjos y las sublimes revelaciones de la naturaleza. Cierto es que pudo poner en pr\u00e1ctica ese credo durante sus a\u00f1os de universidad gracias a las becas que recib\u00eda a cambio de buenos resultados acad\u00e9micos. Tambi\u00e9n pas\u00f3 sus apuros cuando \u00e9stos fueron malos, y tuvo que pedir ayuda al influyente <strong>Emerson<\/strong> para que abogase a su favor ante el rector. Quincy respondi\u00f3 a su solicitud con una carta en la que describ\u00eda la conducta general de <strong>Thoreau<\/strong> como satisfactoria, atribuyendo los baches en su rendimiento a la enfermedad que comenzaba a aquejarle. Pero los instructores deb\u00edan de haberle advertido de cierta indiferencia en su actitud, pues a\u00f1adi\u00f3 que <strong>Thoreau<\/strong> hab\u00eda desarrollado ciertas opiniones propias acerca del sistema de emulaci\u00f3n y calificaciones, y que eso pod\u00eda haber causado cierta disminuci\u00f3n en su empe\u00f1o y hasta en sus ejercicios. No obstante, Emerson insisti\u00f3 hasta que Quincy present\u00f3 el caso ante una instancia superior que finalmente renov\u00f3 la ayuda. As\u00ed y todo, cuando <strong>Emerson<\/strong> dijo con orgullo que Harvard impart\u00eda todas las ramas del saber, <strong>Thoreau<\/strong> le contest\u00f3 con cierta arrogancia: <strong>S\u00ed, muchas ramas y ninguna ra\u00edz<\/strong>. <strong>Emerson<\/strong> podr\u00eda haber respondido a su vez que al menos Harvard le hab\u00eda dado la oportunidad de conocerle a \u00e9l, un verdadero pensador radical, alguien que planta semillas. En su lugar, le hizo una pregunta: \u00bfQu\u00e9 est\u00e1s haciendo ahora? Y luego otra: \u00bfElevas un diario? Era un 22 de octubre de 1 837. Ese mismo d\u00eda <strong>Thoreau<\/strong> se hizo con un cuaderno y redact\u00f3 la primera entrada transcribiendo aquella breve conversaci\u00f3n. As\u00ed comenz\u00f3 su diario, con una llamada a la aventura de poner en pr\u00e1ctica y por escrito lo que ya estaba aprendiendo con <strong>Emerson<\/strong>. A\u00f1os m\u00e1s tarde, un amigo de ambos, Frank Sanborn, a\u00f1adi\u00f3 que la amistad naci\u00f3 gracias a Lucy Brown, y es cierto que la relaci\u00f3n se hizo menos acad\u00e9mica y m\u00e1s familiar cuando, tras ser abandonada por su marido, esta cu\u00f1ada de <strong>Emerson<\/strong> se aloj\u00f3 en la pensi\u00f3n de los <strong>Thoreau<\/strong>. <strong>Henry<\/strong> ten\u00eda veinte a\u00f1os y Lucy le doblar\u00eda en edad, pero <strong>Emerson<\/strong> ven\u00eda a visitarla todos los d\u00edas a su cuarto, que tambi\u00e9n era la biblioteca de casa, y as\u00ed comenzaron a intimar los tres. Un d\u00eda <strong>Henry<\/strong> envi\u00f3 a Lucy unos versos atados a un ramo de violetas recogidas por el campo. Era uno de sus primeros poemas, escrito en un metro ya casi olvidado. El t\u00edtulo es Sic Vita, as\u00ed es la vida, y en \u00e9l <strong>Thoreau<\/strong> se describ\u00eda como un manojo desarraigado de violetas y hierba. El poema continuaba desarrollando la imagen del ramo, lig\u00e1ndola con el tema de la soledad y fragilidad de lo que se sabe ef\u00edmero; aqu\u00ed florezco una hora breve, escribi\u00f3 <strong>Thoreau<\/strong>, sin ser visto, absorbiendo mis propios jugos, plantado en un jarr\u00f3n vac\u00edo&#8230; Yo soy un haz de esfuerzos vanos que en un ramo \u00a0van de aqu\u00ed para all\u00e1; su trama es tan liviana que, me temo, s\u00f3lo se hizo para el buen tiempo. <strong>Emerson<\/strong> le dijo que sus versos mejorar\u00edan si se tomase la tarea de corregir con m\u00e1s paciencia, pero para entonces <strong>Thoreau<\/strong> ya estaba inmerso en otros experimentos, en prosa y tambi\u00e9n en amores.\u00bb<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Como veremos, el mito Thoreau sigue vivo y todav\u00eda podemos encontrarnos a nosotros mismos en \u00e9l. Ahora bien, para no malinterpretar ese legado de protesta creativa (as\u00ed lo describi\u00f3 Martin Luther King) hay que entenderlo en sus propios t\u00e9rminos, dentro del con- texto formado por las cosas y las personas que importaban a Thoreau, y evitar ponerlo al servicio de otros fines. No me termi- na de satisfacer la interpretaci\u00f3n del cr\u00edtico literario Harold Bloom, para quien la obra de Thoreau es una mera revisi\u00f3n, si bien muy astuta y poderosa, del fil\u00f3sofo norteamericano del momento, Ralph Waldo Emerson. Es verdad que Thoreau creci\u00f3 intelectual- mente a la sombra de un mentor cuya fama rebas\u00f3 pronto el marco de los EE.UU., y que esa cercan\u00eda marc\u00f3 tanto su escritura como su lectura posterior, pero no fue su \u00fanico disc\u00edpulo, ni tampoco el m\u00e1s famoso, pues la influencia de Emerson se extiende hasta Jos\u00e9 Mart\u00ed o Friedrich Nietzsche, que sol\u00eda viajar con un ejemplar de sus Ensayos en el ba\u00fal&#8230; Opt\u00e9 por imaginar a Thoreau mediante los seres que amaba, esas \u00abcosas libres y salvajes\u00bb, para as\u00ed poder con- tar su vida siguiendo el hilo de mis lecturas y recuerdos, algo que Marguerite Yourcenar llev\u00f3 a cabo de manera insuperable en sus Memorias de Adriano: Reconstruir desde adentro lo que los arque\u00f3logos del siglo diecinueve han hecho desde afuera.\u00bb<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><em>Antonio Casado<\/em><\/strong><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8230;ya no existen los estudiantes cr\u00edticos, tan solo quedan borregos. \u00abMuchas ramas y ninguna ra\u00edz\u00bb Y el negocio rampante en estas tierras del ombligo del mundo, es la venta de libros \u00abacad\u00e9micos\u00bb . 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