{"id":53,"date":"2009-04-27T22:34:21","date_gmt":"2009-04-27T22:34:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.bipedosdepredadores.com\/nuevobipe2\/?p=53"},"modified":"2024-03-07T10:09:31","modified_gmt":"2024-03-07T15:09:31","slug":"la-quimera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/bipedosdepredadores.kantoborgy.com\/?p=53","title":{"rendered":"La quimera"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Pesc\u00e1bamos esa ma\u00f1ana sin nubes, en los bajos de la Corona del Diablo. Un c\u00edrculo de basaltos siniestros que se cern\u00edan sobre un mar transparente. Un antiguo cr\u00e1ter que las olas devoraban. Un atol\u00f3n que circu\u00eda el vac\u00edo de las aguas. \u00c9ramos cinco con Lucas en el bote. Hab\u00eda sido \u00e9l, precisamente, quien nos hab\u00eda guiado al interior, y ahora anclados al centro gir\u00e1bamos con peligro muy cerca de las rocas, arrastrados por las invisibles corrientes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por entre las crestas fracturadas se alcanzaba a ver por instantes, como desde un tiovivo, las tobas rojizas y violetas de Floreana, y hacia el oeste, sobre el horizonte, se perfilaban apenas, como un aire m\u00e1s denso y transl\u00facido, las monta\u00f1as de Isabela. Sobre los escollos combat\u00eda y copulaba furiosamente un reba\u00f1o de focas, ajenas por completo a nuestra presencia; sus hesitaciones nos llegaban como el coro de la resaca o de las multitudes. Arriba, giraban tambi\u00e9n como nosotros, atadas a una invisible ancla en el cielo, las gaviotas, ansiosas de comida. Una luz torrencial atravesaba el agua, como al vac\u00edo y desnudaba un fondo so\u00f1oliento de algas y de arena.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9ramos cinco en el bote con Lucas. Todos pesc\u00e1bamos para mister Gray, el comerciante de Santa Cruz. Nosotros con los cordeles tensos, esperando en la mano, casi en el o\u00eddo, la caricia de los morros de los bacalaos al rozar la carnada. Lucas, ang\u00e9lico, en la proa con el cordel en alto en la una mano, ensartado el anzuelo en una pluma encarnada, y un pedazo de espejo en la otra. Nosotros miserables, azotados por un sol que quemaba vertical, extrayendo para otro, como flores abismales, los bacalaos que sub\u00edan en tumbos hasta voltearlos por la borda, destrozadas las branquias por el aire antes de que ellos nos reventaran los ri\u00f1ones. El, esperando, sin tiempo, encantar con su espejo al rey de los bacalaos, el bacalao dorado, padre de todos los card\u00famenes, que claro est\u00e1 el sab\u00eda finalmente, despu\u00e9s de haberlo buscado por todos los mares de Gal\u00e1pagos, s\u00f3lo pod\u00eda encontrarlo ahora en la Corona del Diablo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lucas ten\u00eda los ojos de un color acuoso, turbio. Parec\u00eda mirar siempre un paisaje muy lejano o quiz\u00e1 nada, un poco la ceguera de las estatuas griegas, aunque este pescador del Pac\u00edfico tuviera, en cambio, los p\u00e1rpados orlados por el azufre delicuescente de las laga\u00f1as que deposita el hambre. Las cosas inmediatas, los harapos, la pobreza, su propio destino de pe\u00f3n de bote luchando contra el mar para disminuir su cuenta en el almac\u00e9n de Gray, su propia llaga en la rodilla izquierda que no obstante cultivaba como una flor, resbalaban por su mirada v\u00edtrea sin contaminarla, s\u00f3lo los colores puros, las perspectivas lejanas, los mirajes sin tiempo la animaban, cuando no las llamas o el deseo o el alcohol.<br \/>\nAhora sus ojos resplandec\u00edan oteando a trav\u00e9s del agua, hacia el fondo del alv\u00e9olo \u2013de risa descarnada- en que nos encontr\u00e1bamos, sorprendiendo las luces que destellaban los caballos marinos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde hace tres d\u00edas ,que hab\u00edamos salido de Santa Cruz, \u00e9l s\u00f3lo pescaba caballos marinos. Devolv\u00eda al mar los peces vivos luego que hab\u00edan eructado, en los estertores de la asfixia, los p\u00e1lidos semidigeridos hipocampos. Siete de ellos pend\u00edan del m\u00e1stil al trinquete, las colas engastadas contra el cielo, trazaban rampantes una her\u00e1ldica de locura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No, no estaba loco. Todos nosotros lo sab\u00edamos. Lucas s\u00f3lo persegu\u00eda con \u00edmpetu, lo que nosotros no nos atrev\u00edamos a buscar, urgidos por la vida inmediata, los hijos, los crueles intestinos .Lo que todo hombre anhela encontrar in\u00fatilmente alg\u00fan d\u00eda, el diamante sin contornos de lo imposible, la fascinaci\u00f3n de la quimera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, ahora no le importaban ya los rel\u00e1mpagos azulados que teje y desteje el caballo de mar en las profundidades. Deliberadamente, nos hab\u00eda conducido a ese misterioso recinto de piedra en cuyo seno gir\u00e1bamos en el bote, como si todos nuestros destinos giraran en la peonza con que jugara un dios insensato. Solo, aqu\u00ed como en el infierno, Lucas estaba transido, entregado al destello que deb\u00eda trazar irrevocable el rey de los bacalaos.<br \/>\nEra casi medio d\u00eda cuando don Escarabay el patr\u00f3n del bote dio la se\u00f1al de que ces\u00e1ramos. El mundo bajar, pausar y subir de los \u201cempates\u201d se detuvo, as\u00ed como el doblegarse de nuestros cuerpos trasijados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Don Escarabay era un viejo pescador en el Archipi\u00e9lago ,ennegrecido por los soles, curtido por el mar y su tarea, zurrado por el sufrimiento. Un peque\u00f1o n\u00famero de verdades absolutas hab\u00eda grabado su vida de menestral y de galeote de Gray en su entrecejo: el tono m\u00e1s claro de los bajos de pesca, su contorno de parcela, las brazadas necesarias para que el anzuelo no se enredara en los corales, y sobre todo \u00e9sta que resum\u00eda su experiencia y que repet\u00eda incesantemente<\/p>\n<div style=\"text-align: justify; padding-left: 30px;\">\u2013carnada grande, pescado grande.<\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -El tuerto est\u00e1 alto y no agarras nada- le grit\u00f3 a Lucas, refiri\u00e9ndose al sol ya cenital sobre nuestras cabezas.<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -All\u00e1 ustedes, que yo no ensarto pendejadas-contest\u00f3 sin moverse y siempre inclinado sobre la proa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue en ese instante, cuando lo vimos girar imperceptiblemente su espejo y agacharse hasta tocar casi las aguas. Un torrente de luz brot\u00f3 de su mano y atraves\u00f3 el abismo hasta el fondo. Mas nosotros no ve\u00edamos sino el haz del reflejo violando la profundidad. S\u00f3lo para sus pupilas lega\u00f1osas tomaba cuerpo el misterio, y \u00e9l s\u00ed adivin\u00f3, m\u00e1s dentro de s\u00ed mismo que fuera, la forma fugitiva y dorada que desde siempre buscara. De pronto, tens\u00f3 su empate que gir\u00f3 en c\u00edrculo sobre nosotros, y luego o\u00edmos, s\u00ed, s\u00f3lo o\u00edmos, el chasquido del cordel sobre las aguas y como \u00e9stas se abr\u00edan susurrando, y despu\u00e9s\u2026 s\u00f3lo el silencio de la resaca, de los p\u00e1jaros, y de las focas luchando y apare\u00e1ndose.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esperamos, nos parece, como mil a\u00f1os, \u00e9l inm\u00f3vil y jadeante, nosotros tambi\u00e9n inm\u00f3viles y como aplastados entre el mar, entre las rodas, contra el cielo, hasta que don Escarabay, s\u00f3lo por decir algo rompi\u00f3:<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Aqu\u00ed castizan los lobos que da miedo, compadre.<\/p>\n<p>Desde la proa le lleg\u00f3:<\/p>\n<p>-C\u00e1llate, puro miedo es el tuyo viejo desgraciado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era Lucas que empezaba a izar lentamente, como si se hubiese vuelto de vidrio, su cordel. Nosotros, permanecimos clavados en las bordas, hasta que sentimos emerger la cabeceante corola con la boca abierta del pez que Lucas extra\u00f1aba a los abismos. Lo levant\u00f3 de un golpe hasta el puente, las gotas resbalaban entre las escamas tremantes, la asfixia convulsionada el cuerpo destinado desde siempre a la muerte.<\/p>\n<p>Era el bacalao de oro.<\/p>\n<p>-No les dije que alg\u00fan d\u00eda iba a ensartar al rey de los bacalaos, y ahora, quien jode carajo-. Clam\u00f3 exultante. Nadie contest\u00f3, abrumados por el cumplimiento de los mitos y la inminencia de los dioses.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Amarr\u00f3 el cuerpo vibrante a\u00fan del pez, sin desengarzar la pluma y el anzuelo que afloraban entre la boca. El bacalao pend\u00eda de la proa como un mascar\u00f3n salpicado por la espuma, despu\u00e9s Lucas cogi\u00f3 el tim\u00f3n y enfil\u00f3 a la escombrera que abr\u00eda la Corona del Diablo hacia la libertad del crep\u00fasculo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Orzamos toda la noche en direcci\u00f3n a Santa Cruz, nosotros dormidos sobre nuestras peque\u00f1as cargas de hedor que dar\u00edan de comer a nuestros hijos; \u00e9l, al tim\u00f3n horadando la tiniebla con sus pupilas sulfurosas, reconstru\u00eda las formas enigm\u00e1ticas de su pez atado a la proa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la obscuridad, propicia a la memoria, recordaba su vida destinada a la b\u00fasqueda del misterio: cholo de la Sierra, huroneador de totems y de huacas, encantador de serpientes y de p\u00e1jaros, cazador de animales de oro vivo con los que la imaginaci\u00f3n de su gente poblaba los frisos de nevados y volcanes. Fugose a Esmeraldas fascinado sobre todo, ahora lo sab\u00eda por la sugesti\u00f3n cautivante del vocablo. Despu\u00e9s de vagar sin encontrar nada, nada de ese algo innombrable que ni \u00e9l mismo comprend\u00eda, se oblig\u00f3 a vivir de los trabajos a veces m\u00e1s extra\u00f1os y dis\u00edmiles: guardi\u00e1n de mingitorios y burdeles, buhonero de afrodis\u00edacos, condones y abalorios, sacrist\u00e1n, contrabandista, faquir, mendigo\u2026 hasta que se enganch\u00f3 como soldado en una partida que iba al Oriente. Aqu\u00ed cuando m\u00e1s cerca estuvo de alcanzar el enigma de lo arcano, el rostro de lo indecible. Fue cuando se perdi\u00f3 en los Llanganatis mientras buscaba con sus compa\u00f1eros los tesoros de los incas. All\u00ed, en la cordillera, en una comarca esfumada por la niebla, castigada por el rayo, entre l\u00edquenes y estalactitas de mortuorio esplendor, moraba el gallo de las rocas. Lo sorprendi\u00f3 cuando alzaba el vuelo, dor\u00e1ndose en un aire imantado por la atracci\u00f3n de los taludes, donde otros p\u00e1jaros caer\u00edan con el coraz\u00f3n destrozado. Lucas escondido entre la niebla, acezando, reptando entre las rocas desgarradoras, lo alcanz\u00f3. Mas en sus manos s\u00f3lo ten\u00eda una larga pluma encarnada, cuando despert\u00f3 m\u00e1s tarde, con la r\u00f3tula sangrante, al pie del pe\u00f1asco sobre el cual el p\u00e1jaro se cern\u00eda nuevamente, dor\u00e1ndose en el aire enardecido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despertose, apretando entre sus manos la llaga de su rodilla, y busc\u00f3 cojeando, en la ma\u00f1ana que empezaba, su bacalao de oro. All\u00ed estaba, mascar\u00f3n de proa batido por la espuma, ya nadie pod\u00eda quitarle, era el rostro encadenado de la realidad. S\u00f3lo que\u2026 las doradas escamas se hab\u00edan apagado invadidas por el gris nauseabundo que inicia la descomposici\u00f3n, s\u00f3lo que las pupilas del pez, como en los antiguos mascarones ciegos esculpidos en los mitos, estaban vel\u00e1ndose y destilaban ese azufre delicuescente que al final depositan en todos los ojos el hambre o la pobreza, o la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lucas no dijo nada. Enmudeci\u00f3 el resto de la traves\u00eda. Cuando menos nosotros no le o\u00edmos gritar, cuando todav\u00eda adormecidos, nos revolv\u00edamos sobre nuestras peque\u00f1as cargas de hedor, con el sol sobre los p\u00e1rpados, y comenzamos un nuevo d\u00eda de la vida arrollando la vela de trinquete. Es verdad tambi\u00e9n que se levant\u00f3 una brisa fuerte que ululaba entre los obenques y el mar rug\u00eda como una bestia en celo, apagando todo otro clamor.<\/p>\n<p>Era casi medio d\u00eda cuando llegamos a Puerto Ayora.<\/p>\n<div>&#8211; El tuerto est\u00e1 alto<\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sentenci\u00f3 don Escarabay, poni\u00e9ndose al hombro su apero de pesca y su carga de pescado ajeno. Lo mismo hicimos nosotros. Lucas, desat\u00f3 su bacalao, oscuro como todos los bacalaos, y acun\u00e1ndole entre los brazos, con desolada ternura, como a un ni\u00f1o dormido o muerto, se perdi\u00f3 tras la escollera, dispuesto a emborracharse.<\/p>\n<p>Al crep\u00fasculo, un crep\u00fasculo sin libertad, mister Gray gru\u00f1endo de contento, sent\u00f3 en su libro de almac\u00e9n:<\/p>\n<p>Lucas Campoverde debe $ 5.000.00<\/p>\n<div style=\"padding-left: 300px;\">menos $5,00 por un pescado.<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pesc\u00e1bamos esa ma\u00f1ana sin nubes, en los bajos de la Corona del Diablo. Un c\u00edrculo de basaltos siniestros que se cern\u00edan sobre un mar transparente. Un antiguo cr\u00e1ter que las olas devoraban. Un atol\u00f3n que circu\u00eda el vac\u00edo de las aguas. \u00c9ramos cinco con Lucas en el bote. 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