Nervioso encanto que se abre con la luz solar, son parte del paisaje contemplativo, mirlos de la cotidianidad. Al alba cantan melodías que acarician adormilados oídos, graciosos oportunistas, cualquier rato dan saltos de velociraptor disputándose el espacio de sus tesoros comestibles.
Glotones compulsivos, eléctricos excavadores, atentos a la golosina que el prójimo devora. La territorialidad es notoria entre congéneres, su agresividad es más bulliciosa y gesticular que dañina.

En apariencia más ágiles y fuertes que las tórtolas, empero en persecución aérea estas superan el vuelo de los mirlos. No hay tórtola mansa frente a un mirlo energúmeno. No se atacan a muerte, se respetan entre sí manteniendo la distancia mínima de seguridad al momento de medrar en el piso.

El ramoso y asombrado árbol de arupo sirve de trampolín, caen sobre los bocados que la naturaleza silvestre brinda, caen en los desperdicios que echa por la ventana el observador. Cuando el arupo está en estación de cosecha hace el festín de los mirlos que engullen sus frutos azabaches.


En apariencia más ágiles y fuertes que las tórtolas, empero en persecución aérea estas superan el vuelo de los mirlos. No hay tórtola mansa frente a un mirlo energúmeno. No se atacan a muerte, se respetan entre sí manteniendo la distancia mínima de seguridad al momento de medrar en el piso.

El ramoso y asombrado árbol de arupo sirve de trampolín, caen sobre los bocados que la naturaleza silvestre brinda, caen en los desperdicios que echa por la ventana el observador. Cuando el arupo está en estación de cosecha hace el festín de los mirlos que engullen sus frutos azabaches.
