
En esta mañana templada de garua alternando con agua hielo y sol de altitud, los parajes del superpáramo que atravesé para dar con la llanura del Chuzalongo, se prodigaron en claroscuros dioramas. Arriba el lamento de gaviotas andinas, abajo gencianas asociadas con gotas de lluvia y el verdor de almohadillas de azorella.
Hueca de un mundo vegetal liliputiense, se percibe que nada humano la ha pisado en un lapso suficiente como para tener la sensación de estar moviéndose por una dimensión eónica, y así se quedó al no apartarme del senderito de venados y lobos andinos que encontré.
Flores y líquenes medrando al amparo de piedras de escoria volcánica.
Faceta del conglomerado rocoso del Chuzalongo envuelto en un temporal de agua hielo.
De regreso a la llanura donde me aguardaba Rocinante.
Aquí va una foto de yapa de la caminata de fin de año. Loma “Corazón”, al norte de la laguna Mica.
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